POV SCARLETTEl agua caliente golpeaba mi espalda, pero no lograba quitarme el frío que se había instalado en mis pulmones después del tiroteo. Me froté la piel con saña, intentando borrar el recuerdo de la sangre de aquel guardia y, sobre todo, la sensación de los labios de Klaus reclamándome en medio de la carnicería.Cuando salí del baño, envuelta en una bata de seda negra demasiado grande para mí, lo encontré allí. Klaus estaba sentado en un sillón de terciopelo junto al ventanal, observando la nieve que volvía a cubrir los cadáveres del jardín. Ya no llevaba el traje; vestía una camisa de seda negra desabrochada y sostenía un fajo de documentos antiguos, amarillentos por el tiempo.—Siéntate, Scarlett —dijo, sin mirarme. No era una invitación; era una orden—. Tenemos que hablar sobre el origen de tu libertad. O mejor dicho, de por qué nunca la tuviste.Me senté frente a él, manteniendo la distancia. Mi pulso se aceleró cuando puso los documentos sobre la mesa de centro. Eran regi
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