POV SCARLETT
La sala de monitoreo estaba sumida en una penumbra azulada, solo interrumpida por el parpadeo frenético de los radares y las constantes vitales de Klaus, que se proyectaban en la pared frente a mí como una sentencia. Cada latido de su corazón, ahora amplificado por la tecnología de Lord Wei, resonaba en el cuarto con un eco metálico.
110 latidos. 125 latidos. El ritmo de un cazador.
—Zarina, el equipo de asalto ha cruzado el perímetro primario —la voz de Mateo era un susurro tenso