POV SCARLETT
El amanecer en Moscú no trajo luz, sino una penumbra grisácea que olía a pólvora y a la nieve sucia de los callejones. Estábamos en el corazón del Distrito Industrial, donde las fábricas abandonadas se alzaban como esqueletos de hierro. Klaus me había prohibido bajar del coche blindado, pero él sabía, y yo sabía, que la Zarina no se queda en el asiento trasero mientras su imperio se decide a balazos.
Frente a nosotros, en un patio de maniobras ferroviarias, Varya nos esperaba. Pero