POV SCARLETT
La nueva mansión se alzaba sobre las colinas de Moscú como un desafío al destino. Aún olía a madera de cedro recién cortada y al barniz caro de los muebles traídos de Italia, pero para nosotros, el verdadero hogar no estaba en las paredes, sino en el calor que emanaba de nuestros cuerpos exhaustos. Klaus me había llevado en brazos desde el coche, ignorando mis protestas de que podía caminar sola. Sus manos, todavía manchadas con la ceniza y la sangre de Varya, se aferraban a mí con