Sebastián cerró la puerta de la habitación y se quedó un momento en silencio, apoyado contra el marco. Afuera, la noche seguía siendo fría, pero dentro de la casa había un calor tenso, como si cada pared contuviera la respiración.
Isabella no podía dormir. Se había quitado las botas y permanecía sentada en la cama, con los codos sobre las rodillas y la mirada fija en el suelo. No estaba pensando en Carlos… al menos no directamente. Pensaba en lo que vendría después.
Un golpe suave en la puerta