—¡Flanco norte, revisen el sector! —ordenó con voz baja pero firme.
La respuesta llegó más tarde de lo normal. La interferencia de comunicación creció. Un par de segundos fueron suficientes para que un ataque coordinado se activara sin que Sebastián lo ordenara. No hubo explosión grandiosa, no hubo alarma estridente. Solo un impacto seco en el ala lateral, diseñado para desorganizar, confundir y poner a prueba la coordinación del equipo.
Uno de sus hombres cayó.
El silencio que siguió fue absol