DMITRI
El portazo del vagón cerró la escena con un eco seco. Nadie dijo nada mientras caminábamos hacia el coche. Boris iba dos pasos detrás de mí. Su presencia era como siempre: firme, silenciosa, peligrosa.
El cuerpo de María se quedó allí y eso fue lo que más me inquietó de toda la reunión.
María… Fallaste. Tú también fallaste.
Subí al asiento trasero. El motor arrancó. Dejé que pasaran algunos segundos en silencio, mirando por la ventana los restos oxidados de la estación. Había sangre en e