El hospital no parecía nada fuera de lo común.
Solo un hospital, ¿no? Mucho movimiento de gente, entrar, salir, correr de un lado a otro, familiares preocupados y una rutina de lo más normal.
Un hospital normal.
A lo mejor sí lo era. Y no había nada extraño en él.
Desde fuera, con su fachada gris y muros silenciosos, era apenas un edificio más entre los muchos que servían de cobertura a los poderosos de Velvograd. Pero para el hombre apostado en el café de la acera de enfrente, ese edificio era