Clark irrumpió en la comisaría con el corazón desbocado. Sus pasos resonaban como truenos contra el suelo frío, empujado por la desesperación. No podía perder más tiempo.
Tenía que verla.
—¡¿Dónde está Ellyn Durance?! —preguntó con voz firme.
Un oficial lo condujo hasta las celdas. Cuando Ellyn lo vio aparecer al otro lado de los barrotes, sus ojos se abrieron con una mezcla de alivio y angustia. El corazón se le encogió.
—Clark... —murmuró ella, casi sin voz.
Él se acercó de inmediato, sus mano