Abril tembló.
Y por un instante... lo pensó.
Pero justo cuando sus labios estaban a punto de cruzar el abismo, una alarma suave sonó en el ascensor.
Ella bajó la mirada. Se apartó de golpe y presionó el botón de reactivación.
—No —dijo con firmeza—. No otra vez. No si tú mismo no sabes quién eres ahora.
Las puertas se abrieron. Abril salió sin mirar atrás.
Y Leonard se quedó dentro del ascensor, respirando como si acabara de correr un maratón con los pulmones rotos.
Solo y ardiendo.
…
El Bentley