VIVIANA
La tarde caía sobre el barrio, con un cielo plomizo que parecía anunciar tormenta. Viviana sostenía a su hija con fuerza, mientras Juan caminaba a su lado con pasos nerviosos. El recuerdo de la camioneta blanca lo perseguía: el dinero que dejó escapar, la oportunidad que se esfumó. Cada vez que miraba a la niña, sentía un nudo en la garganta. Esa caricia inocente lo había desarmado, pero la voz del Roedor seguía resonando en su cabeza: “Cuando la tengas, me llamas. Te pagaré bien.”
Vivi