VIVIANA
La noche vigilaba el silencio del rancho que se rompía por los ronquidos de Juan, mientras que Viviana contemplaba los rayos de luz que se colaban por las fisuras de las latas.
“Este es el sitio más feo en donde me he quedado”, ella pensaba, “aunque en cierta manera es mío, y soy más libre que en cualquier casa que me quede con mis padres”.
El insomnio la llevó afuera a contemplar las estrellas, preguntando sin encontrar respuesta: “¿Qué será de mí? ¿Qué hago?
No fue que no le contestar