VIVIANA
Los días empezaron a pasar con una mezcla curiosa de calma y angustia. Por las mañanas, Viviana se levantaba con la ilusión de que Juan consiguiera un trabajo estable, pero al llegar la noche, también él llegaba con la misma cara larga y la cabeza entre los hombros.
—¿Cómo le fue? —preguntaba ella, con la niña en brazos.
—Nada, que no me quieren, que no tengo experiencia certificada, que ellos me llaman, que no los llame —respondía él, rascándose la cabeza, como si la vergüenza se le e