Viviana
—Ay, hija mía, esa noche, la primera noche de casados o de vivir juntos, fue inolvidable. Es que recuerdo el pasado y siento como si fuera una cascada frente a mí y que yo puedo estirarla y agarrarla como un puñado de agua entre mis manos e intentar meterme en ella. Pero sin importar cuánto lo apriete, se me escapa entre la unión de los dedos y lo único que me queda me alcanza para empaparme el rostro, aunque me alcance para sentir la superficie del ardor en la piel que sentí ese día en