ELAXI
Un escalofrío recorre mi espina dorsal en cuanto el abogado pide hablar conmigo a solas. Ozzian, al principio, se niega a dejarme sola, pero lo convenzo. Me remuevo incómoda en el asiento mientras observo que busca algo en una enorme carpeta de cuero negro.
—El testamento que le leí hace unas semanas es el real, pero hay otro, o, mejor dicho, uno con una cláusula que debía cumplirse.
Tenso el cuerpo.
—Como sabe, la última voluntad de su padre fue que usted se casara con el joven Gael Turn