OZZIAN
Sigo con la polla dura cuando llego a la casa de Ela. Maldición, esa chica se ha vuelto mi droga, una que, si no consumo, muero. Aún sigo resentido con ella por haberme dejado en las sombras y hacerme creer que estaba muerta. Pensar en los días en los que estuve muriendo por imaginar un mundo en el que ella no estuviera respirando me pone de mal humor.
Ela está viva, aquí, y acabamos de follar. Ella me dijo que me ama; aunque debería ponerme feliz al escuchar eso, no es así. También llor