El apartamento de Carmen se había convertido en un refugio silencioso donde las horas parecían suspendidas en el aire espeso de las decisiones no tomadas. Valeria se acurrucó en el sofá de terciopelo azul que había conocido desde la infancia, envuelta en una manta que olía a lavanda y recuerdos más simples. Su teléfono vibraba insistentemente sobre la mesa de café, iluminando la penumbra con cada llamada entrante.
Enzo. Una vez más.
Carmen emergió de la cocina con dos tazas de manzanilla, sus pa