Mundo ficciónIniciar sesiónLa sede de Valeria Montero Atelier olía a café recién hecho y a ese tipo de silencio que solo los espacios donde se habían construido imperios sabían producir. Valeria observaba Madrid desde los ventanales del quinto piso—la ciudad extendida bajo el cielo de abril, el tráfico de la calle Fuencarral reducido a un murmullo distante, y esa sensación de estar exactamente donde se suponía que debía estar.
Tres años.







