La luz del viernes por la mañana se filtraba a través de las ventanas de la sala con esa claridad dorada que julio sabía regalar a Madrid. Valeria observaba la pantalla de su teléfono, la fotografía de Sofía abierta junto a una imagen de Isabella que había guardado hacía más de un año. Dieciocho semanas de embarazo, y su mente trabajaba con una precisión que las náuseas del primer trimestre habían nublado durante semanas.
El parecido era demasiado específico para ser coincidencia.
Sus dedos se m