La fotografía descansaba sobre la mesa de centro como una acusación silenciosa. Valeria la había estado observando durante los últimos veinte minutos, sus ojos moviéndose entre la imagen borrosa que había llegado en el paquete de Vladivostok y las fotografías de Isabella que había guardado en su teléfono desde hacía más de un año.
El parecido era imposible de ignorar.
No era solo una similitud vaga, el tipo de coincidencia que podía atribuirse a rasgos genéricos o a la imaginación ansiosa. Era e