Mundo ficciónIniciar sesiónElla buscaba venganza. Él buscaba un heredero. Sofía nunca imaginó que el hombre que la rescató de su miseria era el tío de quien le rompió el corazón. Un embarazo por contrato, una mansión que es una jaula de oro y un sobrino consumido por el odio son los ingredientes de esta explosiva historia. Cuando Joel intenta eliminar la "amenaza" que Sofía lleva en su vientre, despierta a la bestia que Gerard mantenía dormida. En un mundo donde el dinero lo compra todo, ellos descubrirán que la vida y el amor tienen un precio que se paga con fuego.
Leer másEl día de la boda llegó tan rápido como caen las hojas del otoño. Joel estaba convencido que lo ocurrido en su fiesta de compromiso había quedado atrás, y que nunca mas Sofía estaría frente a él, estaba muy equivocado. El espejo del vestidor devolvía una imagen que destilaba una frialdad majestuosa. Sobre la otomana de terciopelo descansaba el vestido que Gerard había seleccionado para esa mañana: una pieza de seda líquida en un tono azul medianoche, tan oscuro que rozaba el negro, diseñado para absorber la luz y todas las miradas de la catedral. Las palabras de Joel volvieron a retumbar en su cabeza como un eco venenoso Mientras Sofía subía la cremallera, sintiendo el tacto frío y costoso de la tela contra su espalda, el reflejo de sus propios ojos la traicionó. Por un segundo, las paredes de mármol del penthouse desaparecieron y regresó a aquella noche maldita en el apartamento de Queens. Sofía apretó los puños, clavando sus uñas en las palmas de sus manos hasta que el
El momento en que Sofía pronunció el "sí" fue como sellar un contrato con el mismo diablo, pero uno que vestía trajes a medida y olía a triunfo. Sin darle tiempo a arrepentirse, Gerard ordenó al chofer cambiar de rumbo. Esa noche, Sofía no regresó al modesto apartamento que Joel le estaba arrebatando; en su lugar, la limusina se detuvo frente a una torre de cristal que desafiaba el cielo de Manhattan. El penthouse era la definición misma de la elegancia minimalista y el poder. Al entrar, los pies de Sofía se hundieron en alfombras de seda que amortiguaban cada paso, y las paredes de cristal del piso al techo ofrecían una vista de la ciudad que parecía rendirse a sus pies. Sofía sintió un vuelco en el estómago. La limusina dio un giro suave pero decidido, dejando atrás el camino hacia su modesto refugio para internarse en el corazón más exclusivo de Manhattan. Al llegar, el edificio era una torre de cristal que parecía tocar las estrellas. El elevador privado se abrió dire
—Eres un monstruo —soltó Sofía, encontrando finalmente la voz entre el caos de sus pensamientos—. Lo sabías. Sabías perfectamente quién era yo cuando me hablaste en ese bar. Me viste destruida y decidiste usarme para... ¿para qué? ¿Para burlarte de tu sobrino? Gerard se inclinó hacia adelante, reduciendo el espacio entre ambos hasta que Sofía pudo ver el reflejo de su propia confusión en las pupilas oscuras del hombre. Su voz bajó un tono, volviéndose más profunda, despojada de la frialdad anterior. —Te equivocas en algo, Sofía —dijo él, manteniendo la mirada fija en ella—. No te conocía. No sabía que eras la mujer de Joel cuando te vi en ese bar. Solo vi a una mujer hermosa que se estaba hundiendo en alcohol y tristeza, y decidí que no quería dejarla sola. Sofía lo observó, buscando una mentira en sus facciones, pero el rostro de Gerard era una máscara de honestidad brutal. Sofía sintió un escalofrío. La confesión de que su encuentro había sido, en efecto, una casualidad de
El Hotel Palace resplandecía bajo la luz de cientos de lámparas de cristal, una fortaleza de opulencia custodiada por hombres de esmoquin y una atmósfera de privilegio absoluto. Sofía entró con la cabeza en alto, ignorando el nudo de nervios que amenazaba con traicionarla. Lucía un vestido negro de seda, ajustado como una segunda piel, que contrastaba con la palidez de su rostro y el brillo desafiante de sus ojos. Al cruzar el umbral del salón principal, un camarero se acercó con una bandeja de plata. Ella tomó una copa de vino tinto, sujetando el tallo de cristal con una firmeza que ocultaba el ligero temblor de sus dedos. El líquido carmesí parecía sangre bajo la iluminación cálida del lugar. Sin beber una gota, Sofía comenzó a recorrer el salón con la mirada, ignorando las curiosas inspecciones de los invitados de la alta sociedad. Sus ojos buscaron entre los arreglos de orquídeas blancas y las columnas de mármol hasta que, finalmente, lo divisó. Joel estaba en el centro d
Último capítulo