María no levantó la vista de la taza de café que Carlo había dejado frente a ella. El aroma intenso no lograba tapar el nudo que le apretaba la garganta desde que había abierto los ojos. Había intentado comer algo, pero cualquier bocado se le quedaba atascado.
Le fue completamente imposible desayunar.
Carlo, sentado en la cabecera de la mesa, la observaba como si estuviera midiendo cada respiración y en sus manos reposaba una carpeta de cuero negro.
—Hoy nos casamos, como ya te dije. Será cuant