Ella quiso responder, quiso gritarle que lo odiaba, que no podía soportar la forma en que la había atrapado en esa vida, en ese matrimonio forzado. Pero las palabras se le atoraron en la garganta cuando él la levantó con un solo movimiento, sus manos fuertes bajo sus muslos, y la apoyó contra el borde del caballete. El lienzo vibró otra vez, y María sintió un escalofrío al pensar que podrían dañar la obra maestra. Pero Carlo no parecía preocupado. Sus ojos estaban fijos en ella, en cada centíme