El sótano del Dr. Vane se había convertido en el último bastión de la resistencia. Katie, pálida pero estable tras la intervención de emergencia, observaba la pantalla granulada del chip de datos. La imagen de Silas Sinclair, el hombre que Leonard creía muerto y que ahora servía como motor biológico para una inteligencia artificial, latía en la oscuridad del monitor como una herida abierta.
Leonard no se movía. Su mirada estaba fija en los electrodos que succionaban la conciencia de su padre. L