El zumbido de los miles de tanques de incubación en el Sector Nadir era un coro de vida artificial que hacía vibrar los dientes de Leonard. Bajo la luz azul cobalto de la cúpula submarina, el aire olía a ozono y a líquido amniótico sintético. Leonard avanzó por el pasillo central, con la granada de pulso electromagnético pesando en su mano, mientras Katie, armada con una terminal portátil de alta velocidad, se conectaba a los nodos de control de las filas de clones.
—Si corto el flujo de nutrie