La cabaña de seguridad en el valle de Valais, Suiza, era un refugio de madera rústica que escondía tecnología de vanguardia bajo su fachada de retiro alpino. Leonard yacía sobre una mesa de madera, apretando los dientes mientras Katie, con las manos aún temblando por la adrenalina del salto base, terminaba de suturar la herida de su hombro. El silencio del bosque nevado era absoluto, solo interrumpido por el crepitar de la chimenea y el llanto intermitente del bebé, que descansaba en un moisés