El aire dentro de la mansión Sinclair se sentía más denso, cargado con el olor metálico del ozono y la desconfianza. Tras el descubrimiento del micrófono, Katie no le había dirigido la palabra a Leonard en doce horas. El silencio entre ellos era una muralla de hielo, pero la amenaza externa obligaba a una convivencia forzada. Eleanor Sinclair y Julian seguían bajo el mismo techo, amparados por tecnicismos legales que impedían a Leonard expulsarlos sin un escándalo que hundiría las acciones de l