El búnker en los Alpes suizos se había convertido en una tumba de verdades insoportables. Katie Moore-Sinclair caminaba sobre la nieve virgen, sintiendo cómo el frío extremo intentaba penetrar su traje táctico de grafeno, pero nada superaba el hielo que se había instalado en su pecho tras leer el diario de su padre. Leonard Sinclair, su esposo, el hombre por el que había sacrificado su voz, había sido el ejecutor del incendio que destruyó su infancia. Aunque sabía que él había operado bajo un c