La atmósfera en el despacho presidencial de la Torre Sinclair se volvió gélida, cargada de una electricidad estática que hacía que el vello de los brazos de Katie se erizara. El contraste en la habitación era insoportable: a un lado, Katie, con la lozanía de una juventud que ahora sabía robada y con fecha de caducidad; al otro, la mujer de cincuenta años, la Versión 00, cuya sola existencia era un insulto a las leyes de la naturaleza que los Sinclair habían violado sistemáticamente. Leonard sos