El domingo amaneció tranquilo, con un cielo despejado que parecía anunciar que algo importante estaba por suceder. Emilia había pasado toda la noche pensando. Las palabras de Sofia, la mirada orgullosa de Maike, el dibujo de Ezequiel, los recuerdos de los casos recientes… todo se mezclaba en su corazón.
Era el momento. Mientras preparaba el desayuno, notó que Lucas la observaba atentamente desde la mesa. Sabía —sin necesidad de palabras— que algo estaba por decirle.
—Amor… —comenzó él con suavi