Lucas no había dejado de buscarla.
Cada pista que seguía se deshacía como arena entre los dedos: hoteles, registros de transporte, llamadas a viejos contactos. Sin embargo, una madrugada un informante de confianza le habló de un nombre extraño en la lista de empleados de una agencia de investigación de Valdoria: Wemin.
Era casi nada, pero Lucas conocía los seudónimos de Emilia desde sus primeros años de carrera. Y aquel resonaba demasiado cerca de ella.
Valdoria, pensó, y al día siguiente tomó