El puerto de Valdoria era un laberinto de grúas inmóviles y contenedores que parecían bestias dormidas. La lluvia de la noche anterior se había transformado en una neblina espesa, perfecta para perderse… o para acechar.
Wemin—el nombre que todos conocían en la agencia—se acomodó el auricular mientras Maike estacionaba el sedán a dos calles del viejo almacén 17, el lugar donde el empresario sospechoso de filtrar secretos industriales había sido visto entrando la noche anterior.
—Equipo listo —su