Lucas amaneció con la sensación de que la noche anterior había sido un sueño.
Había seguido una pista hasta la ciudad equivocada.
La calle Ravel de Valdoria resultó ser un espejismo: el departamento alquilado a nombre de “M. W.” pertenecía a una mujer mayor que jamás había oído hablar de Emilia ni de un seudónimo llamado Miliw.
—Otra sombra… —murmuró, frotándose el rostro mientras la frustración le pesaba como plomo.
Decidió quedarse unos días más, por si alguna huella nueva aparecía. Pero la c