La madrugada era una hoja en blanco en la pantalla del portátil de Lucas.
El nombre Miliw parpadeaba en el buscador, acompañado de decenas de registros dispersos: informes antiguos, artículos de revistas policiales, menciones en foros de investigadores.
Cada clic lo acercaba un poco más a ella.
Una nota, perdida en la base de datos de una agencia, le llamó la atención: Traslado de la agente M. Wik, alias Miliw, a la sucursal de Valdoria.
Lucas contuvo el aliento. Era la primera señal real desde