Tercer año. Casi el final.
Hay una energía particular cuando sabes que algo está por cerrarse. No es alivio exactamente, tampoco nostalgia pura. Es como si el tiempo se tensara, como si cada día tuviera un peso distinto porque ya no es solo presente: es antesala.
Así se sentía el tercer año mientras se nos escurría entre los dedos.
Ezequiel fue quien lo dijo primero, una noche cualquiera que terminó convirtiéndose en una de esas que no se olvidan. Estábamos en casa, mamá revisaba unos informes