La mañana en la Escuela de Investigaciones tenía ese ritmo particular que Ezequiel ya había aprendido a reconocer: pasos decididos en los pasillos, murmullos técnicos, miradas concentradas y esa tensión silenciosa que siempre flotaba antes de comenzar las clases prácticas. Era su segundo año ahí, y aunque el peso de la exigencia no había disminuido, él se sentía más firme, más claro respecto a quién era y hacia dónde iba.
Ajustó la correa de su mochila y avanzó por el patio central cuando la vi