Fiorela siempre había creído que las emociones eran como variables en una ecuación compleja: podían existir, sí, pero debían estar bien ubicadas para no alterar el resultado final. Desde pequeña había aprendido a observar, a medir, a anticiparse. Tal vez era herencia de Lucas, con su mente estratégica y su visión de futuro; tal vez de Emilia, con esa capacidad casi quirúrgica de separar lo urgente de lo importante. O quizá era simplemente ella, Fiorela Renata Thoberck, construyéndose a sí misma