POV: Helena
El muelle privado de Estambul olía a sal, especias y diesel. Había atracado el Vindicta en la sombra, justo antes del amanecer, aprovechando el caos natural de la metrópolis. Había dejado a Serov encerrado en la sala de máquinas, como un trofeo humeante, y a Gabriel paralizado por la descarga. La tripulación, cobarde y desorientada, había huido en las lanchas de emergencia.
El jet de Franco había aterrizado en el aeropuerto militar, una maniobra que solo él podría haber orquestado.