POV: Helena
El Nido estaba en silencio, pero mis oídos sentían el rugido del colapso que yo había diseñado. Mis manos estaban quietas sobre la consola principal; la matriz de datos de Zúrich se reflejaba en el vidrio protector, un espectro de luz verde que bailaba sobre el rostro inexpresivo que el Dueño Ausente me había forzado a adoptar.
El Dueño Ausente, mi mentor, el hombre que me había enseñado la arquitectura del poder, me había traicionado. Pero su traición había sido, irónicamente, la semilla de mi mayor creación: la Ley Nueva.
Ahora, la Ley Nueva exigía el sacrificio de uno de sus pilares más grandes: Elias Thorne. El hombre que usaba la moneda como arma, que había movilizado activos aéreos privados sobre el Ártico, poniendo en peligro la misión de Franco. Yo había puesto la cuenta regresiva en marcha. En cuarenta y cinco minutos, la Comisión de Valores tendría la clave para el archivo cifrado. En ese instante, Thorne dejaría de existir como fuerza de poder.
El Códice se movía