El silencio no desapareció.
Se convirtió en una presión constante.
Como si el aire mismo vigilara cada movimiento de Lía.
“Bajo juicio.”
Las palabras seguían resonando en su cabeza.
Pesadas.
Injustas.
Peligrosas.
—No voy a quedarme aquí como si fuera una prisionera —dijo finalmente.
Su voz salió firme.
Pero por dentro…
Todo seguía temblando.
El Alfa no reaccionó de inmediato.
Solo la observó.
Como si estuviera midiendo cada reacción.
—No es una opción.
Directo.