El aire cambió antes de que apareciera.
No fue un sonido.
No fue un movimiento.
Fue… una presencia.
Pesada.
Dominante.
Innegable.
Lía lo sintió en el pecho.
Como si algo invisible la obligara a quedarse quieta.
—Kael… —susurró.
Pero él ya lo sabía.
Su postura se tensó.
Sus hombros se endurecieron.
Y por primera vez desde que lo conocía…
No parecía completamente en control.
(Esto no es bueno…)
Entonces apareció.
Desde la profundidad del bosque.
Caminando sin prisa.
Sin necesidad de esconderse.
A