El silencio se volvió pesado.
Denso.
Cargado de algo que no debería estar ahí.
Kael no se movió.
Pero su cuerpo entero cambió.
Ya no era el hombre que acababa de besar a Lía.
Ahora era el Alfa.
Y eso se sentía.
En su postura.
En su mirada.
En la forma en que se colocó delante de ella… como una barrera imposible de atravesar.
—No deberías estar aquí —repitió, su voz más baja, más peligrosa.
El hombre salió completamente de entre las sombras.
Alto.
Seguro.
Con una sonrisa que no transmitía nada b