40. ¿Qué esperabas de un mujeriego?
Fausto.
—Es que no entiendo, si ya le estás dando una pensión ¿Por qué la mandas a operaciones? Es innecesario, deberías de dejarla fija en Guadalajara— Carlota siguió hablando como cacatúa a la espera de que yo le hiciera caso a las tonterías que decía.
La rubia mujer se estaba terminando de poner mi camiseta que debido a sus enormes pechos le quedaba demasiado ajustada.
Con Carlota no había ocasión que no me reclamara acerca de Nina Ríos. (Un corto amorío mío hace más de diez años el cual p