54. Aire soy al aire
Indra.
Fausto aceleró como solo a los hombres les gustaba hacerlo, el motor rugió y mi espalda se fue contra el asiento de piel.
Antes de hablar mire cada parte de Fausto perfectamente arreglada para la ocasión.
Las manos repletas de anillos de oro, el enorme Rolex en su mano izquierda, el traje que había elegido para hoy, como siempre haciendo resaltar sus ojos y el cabello perfectamente peinado hacia atrás.
—Ese fue un movimiento inteligente de tu parte—le susurré a Fausto mientras el esqui