54. ¿Tienes miedo a la oscuridad?
—¡Te vas a morir aquí pendejo!—gritó Cesar.
Dante ni siquiera parpadeo mientras seguia encadenado por las manos a la silla de metal. Su cabello había desaparecido y los hematomas cubrían la mayor parte de su cuerpo.
Dante sabía que estaba muerto desde el momento que fue sentenciado a esta vida. Cuando perdió a los que amaba en la juventud, comprendió que la vida era cruel e injusta.
El puñetazo lo aturdió unos segundos antes de que volviera a perderse en sus pensamientos.
Dante se había quedado sin gritos que lanzar, sin amenazas vacías que dar. Sabía que nadie lo rescataría de esto, nunca nadie lo había hecho en su vida.
El se había levantado desde lo más profundo de las cenizas para darse a respetar y así como logró volar solo entre los hombres más poderosos, logró caer a las profundidades del mar donde nadie más repararía en el.
Otro cubetazo de agua fría fue lanzado hacia él en su celda sin ventanas.
El silencio duro tan solo unos segundos cuando escucho de nuevo los gritos