32. Las dichosas consecuencias
Dante.
Oaxaca de Juárez.
Se me hacía increíble ver cómo el tiempo pasaba volando.
Los gemelos ya gateaban entre ellos como locos por todo mi cuarto alfombrado, después de haberlos estado observando atentamente durante varios minutos desde un sillón. Regresé la mirada hacia la ventana polarizada.
Tenía un penthouse renovado en el centro de Oaxaca de Juárez. Los demás conjuntos también me pertenecían; sin embargo, los rentaba para mezclar la fachada de mis hombres con gente "normal".
Contaba co