Sumergida en su tina en el palacio, Eris se esforzaba por quitar de su cuerpo todo rastro de la presencia del rey. Su tacto era más difícil de borrar porque se había grabado en sus memorias, donde sólo habitaba el Asko. Si ambos recuerdos se enfrentaban, estaba segura de cual ganaría y permanecería con ella hasta el final de sus días.
Yacer con Erok en el lecho era simplemente una tarea infame, como lo era limpiar los baños o los desechos de los animales. Alguien debía hacerlo y si aquello ase