Llegó el día al campamento de Rakum y la promesa de revelar la identidad de la luna de plata seguía sin concretarse.
Kort se paseaba entre las hembras, inspeccionándolas igual como lo habían hecho los otros. Ninguna luz cegadora había emergido de ellas, ningún cambio respecto a lo que antes eran.
—¡En los ojos de esta se refleja la luna! —gritaba Oblio, con la albina cubierta de sangre.
Los ojos, antes rojos, ahora habían empalidecido y, con algo de imaginación, podía hallarse semejanza entr