Bajo la luna gibosa que menguaba, dejando atrás a la luna llena, el grupo de Kaím descansaba. Ninguno dormía, pero fingían hacerlo mientras pensaban en la reciente batalla, que todavía les agitaba las entrañas.
No había sido matar a los suyos lo que les quitaba el sueño, sino ver a Desz hacerlo.
Desz dormía solo, mientras los Liaks estaban agrupados algo lejos de él, y su sueño era tan ligero como el de una mosca. Oía el latir de los corazones de los lobos y sabía que estaban despiertos. Y