Balardia
Una habitación bien iluminada dio la bienvenida a Akal cuando sus ojos se abrieron. Los eventos pasados: la guerra, la muerte, la locura destructiva de su bestia interna parecían muy lejanos; reminiscencias de un sueño imposible.
Su cuerpo se había destruido, pero él seguía vivo. Los sentidos adormecidos empezaban a despertarse tal y como él. A su nariz llegó el aroma refrescante de las pomadas con que embadurnaban a Lud para aliviar sus dolores. Se vio a sí mismo cubierto de esas vend